Sin gloria pero sin pena



Por la impotencia, por la injusticia. Por saber que el poderoso cimenta su trono sobre sudores y desencantos de los súbditos. Por tener que pasar por el aro, por la mezquindad de esos señores simples dueños del capital. Por esta alma de obrero y esta realidad de contrato basura. Rabia, ira, porque como las piezas de ordenador no soy sino otro recurso, prescindible y reemplazable. Porque nadie hará nada - y es que hay miedos e hipotecas y novias que se quieren casar - porque uno contra el sistema y las multinacionales no es sino el niño que excavó un agujero en la arena para atrapar al mar. Coraje de los hombres de valía domesticados en esta nueva era de claudicaciones para las que uno no está preparado, rabia por aquellos que te miran con alma de calculadora y quizás, hace tiempo, fueron como tú.

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