Ciclo que muere en mis manos cada día.



Con acento cálido y equipaje de sueños,
detuviste tu andar y se moría la tarde.
Aromas traías y una sensación inconfundible,
suave brisa otoñal.

Lazo que ata y muerde la piel,
que va ligando tiempo y espacio,
distancia y olvido, y en racimos de ausencia
nos madura los años.

Ciclo que muere en mis manos cada día,
que se escurre como arena en medio de
las aguas, que va murmurando silencios,
retumbar de espumas entre soledades.

El aroma que dejaste, lo guardo para días
venideros, cuando tu voz sea sólo un murmullo
extraviado en el viento y comprenda que
estás lejos, ya muy lejos.

Cuando el mar interponga su inmensidad
y te encuentres en la orilla opuesta, lejana,
ausente, y con pena contenida, recuerdes
a este viejo continente .

Me quedaré a solas,
medio lleno, medio vacío, con mis versos,
mis pláticas y mis poemas.
Con mis afanes y escasas alegrías.

Ocurrirá entonces,
que no olvidaré que una tarde moribunda,
pasaste por mi puerta,
con tu equipaje de sueños.




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